J.K. QUEENSLY
Crecí rodeada de libros que me abrieron puertas a mundos imposibles: desde los universos de Michael Ende y Terry Pratchett hasta las intensas historias de amor de V. C. Andrews y sus Flores en el ático. Pero la verdadera magia no estaba solo en las páginas que leía, también viví en los relatos que me contaba mi abuela Juana, un legado tejido con el sincretismo de sus raíces indígenas venezolanas y europeas. Su voz era un portal a realidades pobladas de espíritus de la naturaleza y seres que danzan entre lo visible y lo oculto. Esa mezcla de mitos ancestrales, amores imposibles y la ciencia cción de Asimov, Verne y Mary Shelley, junto con el misterio de Agatha Christie y la maravilla de series como Star Trek, encendió en mí una chispa extraña, quizá un poco friki, imposible de apagar.
Durante años puse esa creatividad al servicio de las marcas escribiendo en silencio para otros. Hoy doy el siguiente paso: compartir mis propios mundos con quienes, como yo, creen que la literatura es una llave para escapar, explorar y, de paso, reírse, sentir y reconocerse en cada página.